Sunday, October 22, 2006

Angel... en tus manos tengo...


Ángel de la Guardia,
ebrio de calor de julio
fiebre de no alcanzarme
hambre de nubes sin sol
azahares de libertad
perfume de naranja y Sevilla.

Tiendas sin edad,
"Igual ayer que hoy", dice tu voz,
Sierpes en la desembocadura
de tus ojos tan Cernuda.
Triana con vestidos, copas y río.

Angel de la Guardia
me desampara y brinda
sabiendo que estoy contigo,
que tus manos son ciertas
que tu cuerpo cabe perfecto
en el cuerpo de mis ojos

Saturday, October 14, 2006


Una noche fui todo lo que no pude ser.
Una noche despertaste de una pesadilla entre mis brazos.
Una noche me dijiste, mientras me mirabas el alma, mientras ya no te cubrías la desnudez de tu espíritu, que me querías.
Esa noche, que luego tuvo una mañana con aroma a café y mantequilla, fui un hombre perfecto. Salí a la calle y no temí perderte. Y recuerdo tus palabras "Todo lo que de vos quisiera es tan poco en el fondo, porque en el fondo es todo". Y encuentro la perfección en tu cadera, en tu espalda, en tu andar... Encuentro la perfección en mis ojos, vida, porque sólo te reflejan a vos... Y a un todo que deseo darte por cada vez que me decís te quiero...

Perfección, o la nota entre hilos de un mediodía que se muere esperando a verte...

La canela que...



Dejamos en nuestros cuerpos los recuerdos de aquello que, una madrugada, nos hizo cerrar la puerta y ser.
Frente a frente, tu horizonte.
Fuimos dos panteras bailando en el solitario cuarto de un hombre que se acompaña de músicas inaudibles, de personas que oyen cómo no habla, ni cuenta. Y ya no hizo falta otro idioma: los versos de Cernuda en nuestras memorias bastaron para todo lo que vendría (sin más horizonte que otros ojos frente a frente). Y mi timidez con la cual te fui sacando la ropa, con la cual fui satisfaciendo el descubrimiento de tu vientre pequeño, tus interminables piernas, tus ojitos andaluces dibujando el contorno de mis tatuajes... Oscuridades, dije, o soñé que decía, mientras trataba de no llorar al saber que, una vez, la vida nos jugó a favor, nos regaló esa noche que no terminaba, que no terminará nunca en mi cuerpo.
Estar sobre vos, sabiendo que he cruzado un desierto lleno de mar para estar en nosotros, sabiendo que no tengo capacidad de valuar lo que me pasa cuando imagino que escribo una nota que pueda dar una idea de cuánto llena tu respiración en mi boca.
Matar la sed, dije, o imaginé que te decía, mientras tu cabeza en mis manos parecía agua que llegaba a mi boca, que no se caía, ni se agotaba. Beberte gramo a gramo, centímetro a centímetro, completar el círculo de dos panteras, al fin, que no dejan de mirar a las sombras vestirse de luz, extinguirse un instante, velar por nuestras cinturas que se dan forma en una batalla que acaba en dormir sobre tu espalda... Dormir y soñar que ya no te sueño... Dormir y querer que llegue pronto la hora de despertar, para abrir los ojos y tenerte, frente a frente, respirando, dormida, entre mis brazos.