Saturday, October 14, 2006

La canela que...



Dejamos en nuestros cuerpos los recuerdos de aquello que, una madrugada, nos hizo cerrar la puerta y ser.
Frente a frente, tu horizonte.
Fuimos dos panteras bailando en el solitario cuarto de un hombre que se acompaña de músicas inaudibles, de personas que oyen cómo no habla, ni cuenta. Y ya no hizo falta otro idioma: los versos de Cernuda en nuestras memorias bastaron para todo lo que vendría (sin más horizonte que otros ojos frente a frente). Y mi timidez con la cual te fui sacando la ropa, con la cual fui satisfaciendo el descubrimiento de tu vientre pequeño, tus interminables piernas, tus ojitos andaluces dibujando el contorno de mis tatuajes... Oscuridades, dije, o soñé que decía, mientras trataba de no llorar al saber que, una vez, la vida nos jugó a favor, nos regaló esa noche que no terminaba, que no terminará nunca en mi cuerpo.
Estar sobre vos, sabiendo que he cruzado un desierto lleno de mar para estar en nosotros, sabiendo que no tengo capacidad de valuar lo que me pasa cuando imagino que escribo una nota que pueda dar una idea de cuánto llena tu respiración en mi boca.
Matar la sed, dije, o imaginé que te decía, mientras tu cabeza en mis manos parecía agua que llegaba a mi boca, que no se caía, ni se agotaba. Beberte gramo a gramo, centímetro a centímetro, completar el círculo de dos panteras, al fin, que no dejan de mirar a las sombras vestirse de luz, extinguirse un instante, velar por nuestras cinturas que se dan forma en una batalla que acaba en dormir sobre tu espalda... Dormir y soñar que ya no te sueño... Dormir y querer que llegue pronto la hora de despertar, para abrir los ojos y tenerte, frente a frente, respirando, dormida, entre mis brazos.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home